El planeta Marte con el gran cañón Valles Marineris

Marte, el planeta de dos caras

De todos los planetas, hay uno al que siempre vuelvo: Marte. Desde que estudié astronomía, cada vez que lo encuentro en el cielo, ese punto anaranjado que no parpadea como las estrellas, siento lo mismo. Es el planeta más parecido al nuestro y, a la vez, uno de los más misteriosos. Hoy quiero contarte por qué me fascina tanto.

Menos rojo de lo que imaginamos

Desde la Tierra, Marte se ve rojo. Por eso los romanos le pusieron el nombre de su dios de la guerra. Ese color se lo da el polvo de óxido de hierro que cubre su superficie: Marte está, literalmente, oxidado.

Pero de cerca, Marte es menos rojo de lo que imaginamos. Las imágenes que envían los rovers muestran tonos ocres, caramelo, canela y marrón dorado. Y cuando perforan el suelo, bajo esa capa de polvo aparece roca gris. Rojo por fuera y oscuro por dentro.

Un planeta partido en dos

Marte guarda además un secreto que a mí me parece de lo más bonito de la astronomía: está dividido en dos. Los científicos lo llaman la dicotomía marciana.

  • El hemisferio sur está formado por tierras altas, muy antiguas y llenas de cráteres. Es un paisaje que apenas ha cambiado en miles de millones de años.
  • El hemisferio norte está formado por llanuras bajas y lisas, varios kilómetros por debajo de las tierras del sur. Es una superficie más joven, como si alguien hubiera borrado su historia.

Es como si el planeta tuviera dos caras: una vieja y marcada por el tiempo, otra lisa y nueva.

Un mundo de contrastes

Cuanto más aprendo de Marte, más contrastes le encuentro. Es rojo por fuera y oscuro por dentro, viejo al sur y joven al norte. Tiene el volcán más alto del sistema solar, el Monte Olimpo, de unos 22 km de altura, y un cañón, Valles Marineris, tan largo que en la Tierra cruzaría Europa de lado a lado. Es el que se ve en la imagen de portada.

Y tiene un cielo que parece al revés del nuestro: de día es rosado, del color del polvo que flota en el aire, y al atardecer se vuelve azul alrededor del Sol. Imagina ver una puesta de sol azul. A mí me parece pura poesía.

Un misterio sin resolver

Lo más fascinante es que nadie sabe con seguridad por qué Marte está dividido. Quizá fue el impacto de un asteroide gigantesco al principio de su historia. Quizá fueron cambios en el interior del planeta, en el calor que se movía bajo su corteza. Las dos ideas siguen sobre la mesa.

Marte es un mundo dividido que todavía guarda la memoria de su pasado, y que seguimos intentando leer. Para mí, ahí está su encanto: en todo lo que aún no sabemos.

Fobos y Deimos, las dos lunas de Marte

Marte no viaja solo. Le acompañan dos lunas diminutas, Fobos y Deimos, que no se parecen en nada a nuestra Luna. No son redondas, sino irregulares, como dos piedras en bruto flotando a su alrededor. Fobos mide unos 22 km de lado a lado y Deimos apenas 12.

Sus nombres vienen de la mitología griega. Fobos (el miedo) y Deimos (el terror) eran los hijos de Ares, el dios de la guerra, y le acompañaban en la batalla. No se me ocurre mejor compañía para el planeta rojo.

Las descubrió el astrónomo Asaph Hall en agosto de 1877. Pero lo más curioso es que, siglo y medio antes, Jonathan Swift ya había escrito en Los viajes de Gulliver que Marte tenía dos lunas. Pura casualidad, y una de mis anécdotas favoritas.

Fobos gira tan cerca de Marte que da tres vueltas al planeta cada día. Desde la superficie se vería salir por el oeste y ponerse por el este, al revés que nuestra Luna. Además, se acerca poco a poco: dentro de decenas de millones de años acabará chocando contra Marte o se romperá en un anillo de polvo y roca. Deimos, en cambio, está más lejos y cruza el cielo marciano muy despacio.

Tampoco se sabe con certeza de dónde vienen. Quizá sean asteroides atrapados por la gravedad de Marte, o restos de un antiguo impacto. Otro misterio más.

Marte, convertido en joya

Llevaba tiempo queriendo hacer una pieza que contara todo esto, y así nació la sortija Marte. Es una sortija de oro de 18 k de estilo brutalista, con una superficie rugosa y fundida que recuerda al terreno marciano. En el centro, un gran rubí en bruto de un rojo intenso representa a Marte. A su lado, dos pequeños zafiros, también en bruto, son sus dos lunas, Fobos y Deimos. Ninguna piedra está tallada ni pulida: quería que conservaran su forma natural e irregular, como las rocas de un planeta y como sus lunas.

Sortija Marte de María del Pino en oro de 18 k: un rubí en bruto que representa a Marte y dos zafiros en bruto, sus lunas Fobos y Deimos

Es una pieza especial, de las que no están en la tienda. Cada una es única, porque no hay dos piedras en bruto iguales. Si te interesa, o quieres una pieza parecida hecha para ti, escríbeme por WhatsApp o a través de la página de contacto y te cuento todos los detalles.

Mujer con la sortija Marte de oro de 18 k, rubí y zafiros en bruto, con la mano junto a la barbilla

Y la próxima vez que mires al cielo y veas un punto anaranjado que no parpadea, salúdalo de mi parte.

María del Pino

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